jueves, 1 de diciembre de 2011

Castellet de Calp, Desurbanizacion, Parte 2


...Y hoy, aquí sentado en esta minúscula atalaya rodeada de hormigueros humanos, como termitas que horadan un tronco de madera que yace inerte en el lecho de un bosque, pienso, que eso mismo es el planeta tierra en manos delos seres humanos. Especie entre las especie,s que se ha hecho tan poderosa con su inteligencia, que se ha convertido en una enorme placa insaciable, que devora todo lo que se pone a su paso y que va a ser víctima de su propia voracidad, esquilmando hasta la destrucción absoluta, no solo todas las especies vegetales y animales con las que convive, sino hasta el lugar mismo donde habita.
Y pienso… ¿Qué se puede hacer cuando un lugar a llegado al colapso total?, al límite de su capacidad. Al límite de la sumisión más absoluta al impacto humano.

Y me viene a la cabeza un idea infantil, una de esas cosas que los adultos tenemos que apartarnos de la cabeza por tratarse de destellos de esa conciencia tan profunda que todo hombre tiene hasta el mismo día de su muerte. Su niño interior. Ese niño que nos hace reír internamente muchas veces, con pensamientos inocentes y fuera de toda lógica para la existencia cotidiana, que nos hace tener que comportarnos de una forma diferente a como somos realmente, por pura supervivencia, pues nadie puede hoy en día ser espontaneo y demostrar debilidad alguna en esta sociedad depredadora y devoradora de personas, de individuos y de ideas. En esta sociedad tan sumamente deshumanizada, sectorizada y súper especializada, en la que cada día se ha convertido en una batalla para mantener el estatus, la posición y el reconocimiento social en la comunidad donde se vive. Los que no tienen esa precaución, esa capacidad, acaban pues excluidos, apartados. Son incomodos, molestos, son raros…son como se llaman ahora, indignados.
Esa palabreja que aparentemente parece despreciativa, en efecto lo es, pues hay que despreciar a toda la gente que es valiente, que se arriesga, que protesta, que se mueve, que no se conforma, que no acepta, que se revela. Ese tipo de gente es la que no le interesa al sistema, no interesa darle crédito, porque dentro de esa palabra, se encuentran muchísimas personas, que en principio, sin saberlo, tienen muchísimo más poder del que imaginan. Y ese poder reside en algo que es intangible, es algo en obsoluto mesurable. Es algo que los poderes establecidos no puedan controlar, o cambiar, ni por supuesto eliminar. Por eso es tan peligroso para ellos, para el sistema de control de masas de borregos tan bien montado y maquillado.

Ese poder, al que me refiero, es precisamente ese niño interior único e irremplazable que cada uno llevamos dentro. Esa individualidad de pensamiento única que tenemos todos y cada de los seres humanos. Dentro de esa palabra se recogen muchos matices que afortunadamente están calando en las masas poco a poco, y que es algo que una vez que ha empezado a extenderse, ya no se puede parar. Esa conciencia va a ir calando, como lo está haciendo, simultáneamente en todos los rincones del mundo. Todas esas miles y miles de personas que ya no se creen ni aceptan lo que les cuentan sus dirigentes, que ya se han cansado de que las traten como imbéciles, de que las mientan, de que las ignoren…miles y miles personas que están sembrado una semilla que poco a poco irá enraizando en más y más seres humanos hasta que sean millones, y llegue un momento que por pura lógica aplastante obliguen a quienes manejan los hilos corruptos que mueven a la humanidad, tengan que renunciar al poder y al control de la humanidad de una vez por todas.
Toda esa gente, que para mi bien pueden ser los que se han dado por llamar “ los indignados”, son personas que portan un germen de un futuro mejor, que no tienen reparos en dejar salir y expresarse a su niño interior, personas que no se avergüenzan de mostrar su lado humano, su parte vulnerable, su compasión, su empatía, su solidaridad…en definitiva, sus sentimientos utópicos más profundos.
Pues todas esas sensaciones y pensamientos han venido a aflorar en mi mente, en este pequeño enclave de roca, llamado Castellet de Calp, fútil atalaya que se encuentra a caballo entre dos mundos, uno el contemporáneo, el otro él ancestral, el que se desprende en este lugar, por una inexplicable, aunque evocadora, energía que te traslada a remotos tiempos pasados. Aquí suspendido en lo alto, sobre un mar de agresiones y puñaladas humanas asestadas a un entorno natural tan maravilloso como esquilmado, me ha aflorado ese niño interior, ayudado quizá por la inexplicable energía que me ha invadido en este lugar, y que ha dado a luz una idea, un pensamiento utópico, a priori irrealizable, pero que inevitablemente se ha instalado en mi cabeza y no deja de hacerse cada vez más presente.
La palabra que mi mente a imaginado para dar forma a esta amalgama de sentimientos es, “desurbanización”...
Qué tontería me dije en el primer momento, como es lógico desde mi parte más racional y madura de conciencia de ser adulto perfectamente aleccionado y encarrilado en los cánones y en redil del perfecto ciudadano.
También como es lógico el implacable corrector de faltas ortográficas del procesador de texto del ordenador me ha subrayado rápidamente como falta ortográfica la nueva y desconocida palabra, según terminaba de escribirla, como recordándome que no puedo salirme del redil. Avisándome de que tengo que reprimir mí impulso de crear, de imaginar algo diferente a las convenciones generalmente aceptadas. Y en este momento tomo conciencia de que precisamente por eso esto estoy escribiendo estas líneas, y que este detalle no es más que la confirmación de que estoy en lo cierto, que no soy un loco cuando digo que es buena la individualidad, la conciencia, el subconsciente y todas esas facetas humanas que con tanto empeño se han procurado borrar y aplacar por parte del poder establecido en cada momento, a lo largo de los 5000 años de historia de la humanidad.
Y automáticamente salta un impulso reflejo que me hace pinchar el botón derecho del ratón para agregar la palabra a la base de datos del diccionario. Como queriendo proclamar que… ¿porque esa palabra no puede ser posible?...
Detrás de esa palabra puede encerrarse un sutil mensaje de esperanza y un apunte hacia una filosofía y paradigmas de desarrollo que quizá en el futuro estén implantados y aceptados mayoritariamente. Detrás de esa palabra se esconden muchas cosas, un sueño, una ilusión, un objetivo, un reto, una meta, un paradigma de futuro al que no sé porque razón no debamos aspirar.


Morro de Toix, Calpe y Peñon.


No veo porque razón no podemos soñar con una sociedad totalmente concienciada de la importancia que la naturaleza tiene para nuestra existencia. La humanidad no puede vivir de espaldas a la evidencia, eternamente en la ignorancia, en la desidia, en la autocomplacencia que esta destruyendo el planeta en el que vivimos, sin hacer gran cosa por remediarlo.
Ese germen está aflorando en todos los rincones de planeta, como un grito de auxilio cósmico que es emitido a través de unos cuantos miles de seres que tienen una sensibilidad especial para pararse a sentir y expresar tranquilamente lo que su conocimiento inconsciente les dicta por generación espontánea.
Quizá llegue un momento que se consiga entender que lo más importante después de la conservación minuciosa de lo poco que aún nos queda sin destruir, que es lo prioritario, es entender y creer en la importancia que tiene la rehabilitación de lo destruido.
Quizá llegue, espero más pronto que tarde, el día en el que el ser humano se dé cuenta de lo importante que es intentar conciliar el desarrollo, con la conservación y mejora de lo dañado. Hay que aspirar a ser capaces de rentabilizar la rehabilitación y que la recuperación de espacios naturales sea una premisa principal en cualquier proyecto o actuación humana.
Hay que aspirar a que la gente no vea esto como algo muy caro y poco viable en cuanto a la inversión. Hay que entender que la rentabilidad de este tipo de filosofía no se puede esperar a corto ni medio plazo. Que esta filosofía de desarrollo es algo que es una carrera de fondo en la que habrá que invertir mucho tiempo y esfuerzo para que los frutos se empiecen a recoger.
Hay que entender que los sitios tienen una capacidad concreta y limitada de recursos para acoger a un determinado número de personas, y que cuando se supera ese cupo, el lugar se colapsa y muere.


Gorga y cala de Mascarat, ambos arrasados.


Todas estas cosas, y otras muchas mas, se me han revelado este corta actividad senderista al Castellet, que aunque por un lado probablemente sea la más corta y sencilla que haya realizado desde un punto de vista deportivo en los 20 años que llevo saliendo al monte, por otro lado me ha permitido dar forma a todos estos sentimientos, y una sensación de aprecio a esta preciosa, aunque tan mancillada provincia, que es Alicante.


Atardecer en Beniyork y la bahia de Altea

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